miércoles, 21 de septiembre de 2016

Ser español en el siglo XXI, comentarios


El libro Ser español en el siglo XXI (Cuadernos del Laberinto, 2016), está teniendo una buena acogida. Existen comentarios de todo tipo, pero los positivos van ganando la partida. Muchos sienten que era necesario definir de manera novedosa lo que significa ser español, ya no sobre bases anticuadas, sino sobre los presupuestos de un Estado europeo moderno, con una economía eficiente y una cultura global. Los independentistas han querido dar una imagen negativa de España, pero esa imagen no se ajusta a la realidad. Vivimos en un Estado plural, con identidades múltiples, integrado en Europa, y con proyección global. Las mas diversas identidades históricas pueden desarrollarse con todas las garantías en ese espacio. 

Hay que destacar dos entrevistas recientes con relación al libro. El medio digital El Español realizó este largo artículo, donde aparecen los siguientes titulares: 

"Necesitamos un nacionalismo español sin Franco ni catolicismo".
"No se puede ser español sin ser mestizo".
"Un español necesita varias banderas para poder identificarse".

Por otro lado, el blog Sexto Continente de Radio Nacional de España realizó esta entrevista, donde se habla del caso catalán.

La buena trayectoria inicial del libro ha llevado a preparar una segunda edición revisada, que pronto estará disponible para todos. 

miércoles, 31 de agosto de 2016

Del Brexit al Briturn

A principios de agosto el diario El País publicó mi artículo Del Brexit al Briturn. En esa tribuna mantengo que es posible que los británicos reconsideren la anunciada salida del Reino Unido de la UE, si llegan a la conclusión de que son más los costes que los beneficios. A pesar de que por el momento la negociación para el Brexit sigue siendo la opción más probable, el nuevo Gobierno británico no ha dado todavía la última palabra, y existen mecanismos constitucionales para permanecer en la Unión. La vuelta del Reino Unido a la familia europea, que aquí se llama Briturn, debería ser apoyada por los Gobiernos que creen en el proyecto de integración porque, a pesar de las dificultades, es mejor una Europa unida con todos. En el caso de que los británicos no quieran finalmente participar en el proyecto, entonces sería el momento de crear una institución más fuerte entre los países de vanguardia de la Unión. 

El artículo fue mencionado en el resumen de prensa que prepara la web de la BBC.

El texto del artículo, que puede consultarse en la web de El País, dice así:

Cuentan las crónicas que el 24 de junio a las cuatro y media de la madrugada tuvieron que despertar por teléfono a los más destacados defensores del Brexit para comunicarles que habían ganado. La sorpresa del resultado produjo una cierta desorientación en Reino Unido que, ahora, el nuevo Gobierno de Theresa May intenta encauzar. Sus primeras declaraciones sugieren que pasarán unos meses antes de presentar la solicitud de salida de la Unión según el artículo 50 del Tratado. Ese tiempo servirá para hacer un cálculo de posibles costes y beneficios. Una cosa es decir quiero salir del club, otra muy distinta es cuantificar el resultado de una negociación incierta en las más diversas materias.

Lo más probable es que el Gobierno inicie el proceso de ruptura, pero no hay que descartar que el pragmatismo británico y el sentido común lleven a buscar otras alternativas. El documento de análisis producido por el Parlamento el 30 de junio, Brexit: what happens next?, confirma que el referéndum no es vinculante, y que los poderes legislativo y ejecutivo deben coordinarse para dar el paso de salida. Si en las próximas semanas se llega a la conclusión de que Reino Unido tiene más que perder que ganar, una posible solución sería convocar un segundo referéndum, medida que tiene un amplio apoyo social. En Dinamarca (1993), y en Irlanda dos veces (2002 y 2009) se organizaron segundos plebiscitos sobre cuestiones europeas que dieron votos positivos tras uno negativo anterior. Por el momento no existe un liderazgo político dispuesto a fomentar esta iniciativa pero, si el cálculo de costes es muy elevado, seguramente aparecerá. Aunque también existen ejemplos en la historia de caminar sendas sabiendo que son equivocadas.

La salida de Reino Unido es problemática porque deja muchas cuestiones abiertas, como las reclamaciones por perjuicios. Un principio general de Derecho Internacional dice que quien produce un daño debe resarcirlo. Esto se aplica incluso en el caso de que el daño no sea intencional, por ejemplo la contaminación transfronteriza. Según el Tratado de la Unión, un Estado miembro puede salir a través de un proceso negociado; la pregunta que se plantea es si acaso debe pagar los posibles daños que causa esa decisión. Recientemente, España ha tenido que defenderse frente a demandas de inversores internacionales por la decisión soberana de reducir las primas a la energía eléctrica solar. Los inversores que se instalaron en Londres con la expectativa de pertenencia a la Unión Europea podrían plantear demandas de ese tipo. Este escenario supondría pasar del Brexit al Bripay.

Dos de los más importantes socios de Reino Unido, Alemania y Estados Unidos, han afirmado que prefieren su continuidad en la Unión Europea. A pesar del resultado negativo del referéndum, la posición más coherente sería mantener el retorno del Reino Unido a la familia europea, el Briturn, a través de los métodos constitucionales que los británicos elijan, sea otro plebiscito, sea la no presentación de la solicitud, u otro cualquiera. Desde España debería sostenerse esa posición favorable al retorno, por responsabilidad hacia el proyecto de integración europea. Aunque puedan preverse algunas ganancias puntuales con la salida, es más importante la unidad y la continuidad de la integración, con la flexibilidad necesaria. La vuelta de Reino Unido permitiría negociar de nuevo el acuerdo con la UE de febrero pasado, que ha quedado en el aire, ya que solo hubiera entrado en vigor con un voto positivo en el referéndum. Además, el proceso de negociación para la salida sería una peligrosa fuente de divisiones entre los socios, porque algunos querrán contentar al máximo a Reino Unido (en previsión de concesiones para ellos) y otros querrán ser cicateros.

España debería mantener sinceramente el Briturn para hacer una Europa de todos, en el sentido de la historia, inspiradora de otras regiones del mundo e implicada en la resolución de problemas graves en el vecindario y en el orden global. Ahora bien, en el caso de que Reino Unido decida seguir hasta el final una opción de salida, sería el momento de plantear una unión más fuerte en Europa entre aquellos miembros que lo deseen. España debería entonces adquirir una mayor conciencia de su responsabilidad internacional. Asimismo, sería el momento de ofrecer a Gibraltar un estatuto avanzado dentro de la UE, que podría denominarse Gibrin, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los gibraltareños vieron claramente su futuro dentro de la Unión.

miércoles, 13 de julio de 2016

Ser español en el siglo XXI

Este mes de julio ha aparecido mi nuevo libro Ser español en el siglo XXI, en la Editorial Cuadernosdel Laberinto. Se trata de un ambicioso ensayo que analiza el ascenso del nacionalismo y del soberanismo catalán, y después ofrece una definición de lo que supone ser español en el momento actual, desde el punto de vista de un internacionalista. El libro intenta contribuir a la cuestión clásica de qué es España con una nueva perspectiva.

Estos son los capítulos que componen el libro:

1. Los nacionalismos en España
2. La creación de nuevos Estados y la Unión Europea
3. El auge del soberanismo catalán
4. Ser español es compartir una cultura global
5. Ser español es compartir los principios y valores de un Estado europeo avanzado
6. Ser español es compartir un espacio para actuar en el mundo
7. Conclusión: España nación global

En la contraportada se contiene el siguiente resumen:

Este libro estudia en primer lugar la aparición de los nacionalismos en Europa y el ascenso del soberanismo catalán entre 2012 y 2015. En el texto se analizan las diversas causas que fomentaron ese ascenso: una elaboración intelectual previa, la crisis económica y financiera, el uso político de la historia, y el apoyo oficial al proceso soberanista.

En segundo término, este ensayo intenta una definición actual, inclusiva y abierta de lo que significa ser español. En sucesivos capítulos se argumenta que ser español comprende tres aspectos simultáneamente: compartir una cultura global, compartir los principios y valores de un Estado democrático avanzado, y compartir un espacio para actuar en el mundo.

La introducción y las primeras páginas del libro pueden consultarse aquí.

Como se indica al comienzo, el libro es una propuesta para el debate. El ensayo contiene numerosas ideas, encuestas, referencias, fechas y datos que pueden ser útiles para los interesados en estas cuestiones. El texto está teniendo muy buena acogida entre los primeros lectores. Al ser una reflexión en curso, las futuras ediciones servirán para precisar el texto y mejorarlo.

miércoles, 20 de enero de 2016

Ley de Acción Exterior

La revista FORO, Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, en su número vol 18.1 (2015), ha publicado mi artículo titulado:



El comentario se refiere a dos leyes promulgadas en 2014 sobre las relaciones exteriores de España, que eran necesarias desde hace tiempo: la Ley de la Acción y del Servicio Exterior del Estado (Ley 2/2014 de 25 de marzo), y la Ley de Tratados y otros Acuerdos Internacionales (Ley 25/2014 de 27 de noviembre). La Constitución de 1978 previó unas disposiciones escuetas sobre relaciones internacionales y celebración de tratados por España, que han servido de marco para la práctica, pero que evidentemente fueron superadas por el empuje de la acción exterior de las Comunidades Autónomas, y por la enorme proliferación de actuaciones internacionales de otros actores públicos, incluyendo varios departamentos del Gobierno central.
   Al ser España un Estado miembro de la Unión Europea y plenamente integrado en la globalización, los actores públicos y privados tienen una dimensión internacional creciente, lo que obligaba a desarrollar las disposiciones constitucionales. La mayoría absoluta del Gobierno del PP en la legislatura acabada en 2015 y el empeño del ministro García-Margallo permitieron la adopción de estas dos leyes, aunque es de destacar la falta de negociación con otros grupos parlamentarios en el trámite de su aprobación, y la escasa atención prestada al importante Dictamen del Consejo de Estado 394/2013 al anteproyecto de la primera ley.  
   El propósito fundamental de los dos textos legales es la necesidad de conseguir una coherencia en la acción exterior de España. Esta coherencia se obtiene a través de algunos principios definidos en las leyes: el principio de unidad de la acción exterior del Estado, el principio de lealtad institucional y el principio de servicio al interés general. Dichos principios intentan poner orden en la actividad internacional de Comunidades Autónomas y de ministerios (por ejemplo Defensa o Economía), que suscribían documentos de difícil calificación con actores extranjeros, que daban lugar a controversias institucionales. Para conseguir una coherencia en la política exterior también se prevé una Estrategia de Acción Exterior, la primera de las cuales fue aprobada por el Gobierno en diciembre de 2014, aunque hay que esperar que cualquier nuevo Gobierno produzca sus propias estrategias en el futuro. El artículo puede leerse aquí.

lunes, 11 de enero de 2016

Detener a tiempo las guerras

La guerra civil en Siria ha tenido un impacto muy negativo en las relaciones internacionales. En primer lugar, el choque sobre la propia población siria ha sido tremendo. En segundo lugar, la región también ha sufrido. Y en tercer lugar Europa está sintiendo las consecuencias del conflicto a través de las olas de refugiados y del apoyo al terrorismo que viene sobre todo del ISIS. No es fácil encontrar una solución a los problemas actuales, de allí y de aquí, pero debemos aprender para el futuro que las guerras civiles como la de Siria deben impedirse, y la Unión Europea debería tener un papel más decidido en esos casos.

El día 4 de enero el periódico El País publicó este artículo mío titulado Detener a tiempo las guerras:



O bien Europa exporta estabilidad o termina importando inestabilidad. Olvidamos este principio, dormitamos en los laureles, cuando alguna crisis en el vecindario envía una marea de refugiados que nos despierta del plácido sueño. Además, olvidamos que exportar estabilidad es más barato y rentable en el largo plazo. La inestabilidad conduce a situaciones que se escapan de las manos. Todavía no sabemos qué consecuencias tendrá la llegada de refugiados a Europa o cuál será el coste de la lucha contra el terrorismo instigado por el ISIS. A pesar de esto, seguimos dejando que las situaciones internacionales empeoren, para curar a la desesperada cuando ya nada se puede prevenir.
Aceptando que los primeros perjudicados por la guerra civil son los mismos sirios y en segundo lugar los países adyacentes, Europa está sintiendo los efectos de aquella guerra. Su influencia negativa nos llega aquí atenuada, pero su impacto sobre la región es peor. Está por ver si las tensiones actuales provocan otros conflictos, o si la rehabilitación de Siria, una tarea que llevará mucho tiempo, dinero y esfuerzos, debe hacerse al precio de su integridad territorial. Rediseñar fronteras es una perspectiva que deberíamos rechazar en todo caso porque supone abrir cajas de Pandora difíciles de cerrar.
No debemos auto-inculparnos por la guerra civil en Siria. Ahora bien, es importante reconocer algunos errores del pasado y aprender las lecciones para el futuro. Con perspectiva histórica, la guerra comenzada en 2011 es impropia del siglo XXI, y los europeos pecamos durante años de pasividad irresponsable. No iniciamos la guerra ni la atizamos, pero asistimos impasibles a su degradación hasta límites inhumanos y peligrosos, sabiendo que estaba demasiado cerca y afectaba a millones de ciudadanos inocentes. Todas las proclamaciones europeas en favor de la paz internacional y de los derechos humanos se vieron puestas en tela de juicio mientras andábamos demasiado preocupados con asuntos internos.
En el tablero sirio, Turquía jugó sus piezas, Arabia Saudí las suyas, Rusia defendió sus intereses y a Bachar el Asad, e Irán apoyó también al régimen a través de Hezbolah. Por supuesto, algunas facciones iraquíes no iban a quedarse fuera y se lanzaron igualmente a la melée. Estados Unidos observó desde cierta distancia el desbarajuste y solo reaccionó en serio cuando el Gobierno sirio usó armas químicas, lo que condujo a la resolución 2118 del Consejo de Seguridad de 2013. Una gota de agua en el infierno. Los europeos no quisimos enterarnos de lo que estaba pasando, como si la guerra estuviera ocurriendo en un planeta distinto. Solo demasiado tarde estamos apoyando los esfuerzos de la comunidad internacional representados en la conferencia de Viena y la planeada en Ginebra.
Si alguien piensa que un contendiente ha ganado la partida en Siria, se equivoca. Hoy las victorias militares son pírricas; los ciudadanos sirios son la medida del combate y estos han perdido miserablemente. El país está roto, con al menos cuatro fuerzas que controlan militarmente el territorio. Ahora nos hemos centrado en la lucha contra la facción más salvaje. El problema de suprimir a los yihadistas del ISIS es que están a caballo entre Siria e Irak. Su poder actual entronca con el desmantelamiento del ejército iraquí en 2003, una decisión desafortunada como ha reconocido Tony Blair. Acabar con el impacto del ISIS requiere nuevos acuerdos regionales que incluyan la estabilización de Irak y de Siria. Más que conferencias puntuales necesitamos un pacto regional de gran alcance sostenido por los actores globales.
Si alguna lección hay que sacar del contagio sirio, es que las guerras deben detenerse a tiempo. En la etapa global es intolerable que permitamos un conflicto deteriorarse de ese modo. Y para ello es preciso una acción exterior, tanto europea como estatal, más atenta a la realidad y más decidida a implicarse cuando sea necesario. Los europeos quizá no tenemos todos los medios, pero debemos jugar un papel de conciencia global y movilizar a otros actores. Esto se aplica no solo a las instituciones europeas sino también al Gobierno nacional. En la reciente campaña electoral, las cuestiones internacionales han brillado por su ausencia, como si España fuera una fortaleza rodeada de murallas. No hay castillo, no hay murallas. Estamos sometidos a los vientos, al calor y al frío que vienen del exterior.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cuestiones internacionales de futuro


La conferencia de París sobre Cambio Climático que comienza a finales de noviembre nos recuerda que los problemas internacionales no son de hoy o del pasado sino que se proyectan hacia el futuro. Es importante encontrar nuevos acuerdos entre los diferentes actores internacionales para gestionar desafíos globales, como la protección del medio ambiente. Esto incluye a los Estados, la Unión Europea, las organizaciones internacionales, pero también las empresas multinacionales y las ONG, muy activas en este campo.

Para afrontar el reto del cambio climatico se han hecho una serie de propuestas interesantes. Por ejemplo, Teresa Ribera y Antxon Olabe publicaron un articulo sobre las medidas que pueden adoptarse para luchar contra el calentamiento global en Real Instituto Elcano. Las posiciones de los paises antes de la Conferencia de Paris dejan mucho que desear porque casi todos ofrecen compromisos en el muy largo plazo. ¿Que significa que un Estado se obliga a reducir sus emisiones para 2030 o 2040? Lo importante es reducirlas en 2016 y 2017. Los miembros de la Union Europea son una vez mas los mas avanzados a la hora de adquirir compromisos verificables. Pero el cambio climatico es un problema global y, a no ser que todos, del norte y del sur, se impliquen, sera imposible atajarlo.

Lo mismo ocurre con otros problemas ligados al medio ambiente, como las especies en peligro de extincion debido a la accion humana. En Derecho Internacional existe un instrumento, el Tratado CITES que prohibe el comercio con especies en peligro. Se esta debatiendo si incluir el atun rojo del Atlantico entre esas especies, pero no terminamos de ponernos de acuerdo. ¿Significa esto que en el futuro se agotara este recurso del mar?

Ademas de estas amenazas difusas y de larga data, hay otras amenazas inmediatas contra las que hay que luchar de forma urgente. El efecto sobre nuestras sociedades del terrorismo yihadista puede ser impactante, como bien se mostro en los terribles atentados de Paris del 13 de noviembre. El terrorismo es un problema que golpea nuestros principios y valores, que presenta una gran complejidad, y debemos afrontarlo con medidas internas e internacionales. Con respecto a la respuesta internacional a estos atentados, el 18 de noviembre he publicado en la web de la OTRI de la Universidad Complutense un breve informe. La resolucion 2249 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condena el apoyo que el ISIS o Daesh, una fuerza armada cruel, salvaje y tiranica, da a esos actos terroristas. Pero ademas de esta reaccion necesaria debe completarse con una accion hacia el futuro. No solo hay que detener a los terroristas e impedir sus crimenes sino que hay que desactivar la radicalizacion y el fanatismo.


sábado, 31 de octubre de 2015

Quijotes catalanes

Artículo aparecido en el diario El País de 31 de octubre 2015 sobre la sinrazón de los independentistas, que pueden compararse con Don Quijote:

Martin Ortega Carcelen
Quijotes catalanes
El Pais, 31 octubre 2015

Es muy sorprendente que la aventura de un hidalgo manchego enloquecido por lecturas fantásticas sea uno de los libros más publicados en todas las lenguas a lo largo de la historia. El reconocimiento universal indica que el idealismo ciego siempre ha existido y existirá. Para muchos, es difícil ajustar sus intenciones elevadas a la dura realidad. En inglés existe el adjetivo quixotic y en italiano donchichottesco para designar personas o proyectos excesivamente soñadores. En 1934, Thomas Mann, cansado de la intolerancia del fascismo, eligió Don Quijote como lectura a bordo en su viaje a Estados Unidos, y después escribió que Cervantes había retratado como nadie esa búsqueda de ideales imposibles.
Alonso Quijano estaba loco no porque sus propósitos fuesen extravagantes, al contrario, eran nobles y admirables; su fallo era la escasa adecuación entre medios y fines. Sabía dónde quería llegar, pero erró en el camino, la caballería andante. Esta y otras historias de Cervantes, como su rico Persiles, están llenas de una luz deslumbrante que permite dibujar situaciones y personajes exagerados. El manco aventurero no fue un escritor castellano de interior, sino más bien mediterráneo, y su pluma comunica la fluidez del mar y sus cambios de humor. Como Boscán y Garcilaso cincuenta años antes, había sido militar y vivido en Italia. También luchó batallas navales y fue hecho preso para ser cautivo en Argel cinco largos años. Cervantes apreciaba urbes como Barcelona y Valencia y sus caracteres pasan de caminos pedregosos a embarcar en playas del Mediterráneo con gran naturalidad.
Pocos ejemplos actuales más expresivos de quijotismo podemos encontrar que el de los soberanistas catalanes. Ellos se han encerrado en su mundo y parecen hablar un lenguaje propio que no tiene relación con el exterior. Los Sancho Panza que habitan junto a ellos, en las mismas ciudades y en los mismos bloques de pisos, son mentes simples que no comprenden la grandeza de su empresa. Las advertencias de sensatez que vienen de las autoridades europeas o de Estados Unidos, modelos de democracia, son voces lejanas que no encajan con su ideal, por lo que siguen cabalgando sin atender la llamada. Las leyes del Estado, que ellos contribuyeron a levantar, no son molinos de viento sino gigantes contra los que hay que pelear. Los soberanistas dicen que no quieren ser españoles pero sin duda son espíritus cervantinos.
El propósito de los soberanistas es tan respetable como otros objetivos políticos. En una sociedad libre y abierta todos pueden defender sus ideas, siempre que no atenten a los derechos humanos y no perjudiquen a los demás. El problema son los métodos. La “desconexión democrática, masiva, sostenida y pacífica con el Estado español” que quieren los independentistas introduce cuatro epítetos para dulcificar la idea de desconexión. Falta el adjetivo unilateral. Este método de separación a una banda es quijotesco y conduce al desastre, con el caballero por los suelos y graves daños en los aposentos, porque cualquiera que conozca la práctica internacional reciente sabe que las secesiones unilaterales provocan problemas insolubles referidos a multitud de cuestiones como la administración, el orden público, el territorio, las finanzas, la nacionalidad, las cuentas y los bienes públicos. Años de disputas y rencor. Pero los soberanistas ignoran los riesgos comprobados. Un rasgo muy estudiado del Quijote es su construcción paralela de la realidad. De tanto leer libros de caballerías creyó que el mundo era como él quería que fuese y no como era en verdad.
La figura del Quijote generaba en sus contemporáneos una reacción entreverada de sorpresa, guasa y simpatía. El hombre no era un loco peligroso, hablaba bonito y tenía momentos de lucidez. Los males que causaba eran producto de su idealismo incontrolado. Pero no pudo realizar su propósito. Con métodos más discretos y menos desquiciados, otros hicieron un poco mejor el mundo, pero el pasó como una anécdota para enseñarnos.
En el capítulo 64 de la segunda parte, Don Quijote es vencido en las playas de Barcelona por el Caballero de la blanca luna, que no es otro que su paisano Sansón Carrasco. “Si muchos pensamientos fatigaban a don Quijote antes de ser derribado, muchos más le fatigaron después de caído.” Sin embargo, aquella derrota le permitió recuperar la cordura, hablar un lenguaje sabio y conocer de nuevo a sus amigos.